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Facultad de Teología

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 Fondo Histórico

 

El Fondo Histórico de la Biblioteca del Seminario Metropolitano

y de la Facultad de Teología

La Biblioteca de la Facultad de Teología de la UCA administra el patrimonio de la Biblioteca del Seminario Metropolitano y custodia, así, un elevado número de volúmenes de los siglos XVI, XVII y XVIII. Este "Fondo Antiguo" constituye una preciada fuente que nos acerca a la memoria de la educación del Clero de Buenos Aires. (*)

 

Para rastrear los orígenes del Fondo Antiguo de la Biblioteca del Seminario y de la Facultad de Teología es preciso remontarse al momento en que el Seminario Conciliar de Buenos Aires fuera confiado a la conducción de la Compañía de Jesús por Mons. Mariano José de Escalada el 12 de marzo de 1857.[1] Es probable que en esos humildes comienzos, se formara una pequeña biblioteca con la donación de fondos que poseían algunas casas religiosas y conventos de la ciudad de Buenos Aires. Testimonio de esto son las diversas inscripciones manuscritas en muchos de los ejemplares que conforman este patrimonio bibliográfico, que indican como lugar de procedencia las "librerías" de los conventos de las órdenes religiosas de Buenos Aires.[2]

En 1865 con una nueva gestión del Seminario Conciliar a cargo del clero diocesano, conocemos el plan de estudios que el obispo encomendara al Dr. Ildefonso García: latín y retórica, historia de la literatura, geografía e idiomas, filosofía, física e historia universal, cuatro años de teología dogmática y moral, derecho canónico y sagrada escritura.[3] Para la enseñanza de todas estas materias y disciplinas, es probable que el Seminario fuera reuniendo año tras año, los libros necesarios para su estudio.

El 25 de julio de 1873 asume la conducción de la sede metropolitana Mons. León Federico Aneiros. Por pedido del obispo, la Compañía de Jesús vuelve a encargarse de la dirección del Seminario desde el 19 de marzo de 1874. Nos queda poca documentación con respecto al régimen de estudios, pero los ciclos se distribuían así: cuatro años de estudios de letras, dos de filosofía y cuatro de teología. 


Alfonso de Madrigal el Tostado - Obras - Venecia 1691 El fondo bibliográfico que hoy se conserva, es un reflejo de este ciclo de estudios o ratio studiorum impartida para la formación del clero, tanto secular como regular. Por ejemplo libros dedicados a la exégesis bíblica, como la Opera omnia en 13 volúmenes de Alfonso Fernández de Madrigal llamado el "Tostado" con una cuidadosa edición en Venecia de los hermanos Sessa, famosa familia de imprenteros que identificamos con el logotipo del gato con un ratón en la boca. 
Obras de los padres de la Iglesia como el Papa Gregorio Magno, San Ambrosio, San Agustín, Gregorio Niceno, etc. debían ser una de las fuentes principales de la teología. Por supuesto, el doctor angélico, Santo Tomás, está presente en este repositorio con varias obras impresas en los siglos XVI y XVII. La escolástica salmantina está representada en el De Iustitia et Iure de Domingo de Soto, O.P. La tradición franciscana en obras de Duns Scoto. La Teología moral encuentra a autores como el jesuita Antonio Escobar y Mendoza, el agustino Juan Enríquez, o el franciscano Manuel Rodríguez. 

El derecho, tanto civil como eclesiástico cuenta con un gran número de autores y obras como el Jurisconsulto portugués Agustín Barbosa o el Doctor Martín de Azpilcueta, catedrático de prima en cánones de la Universidad de Coimbra; el italiano Prosperi Fagnani y su comentario a los cinco libros de las Decretales o el ovetense Juan de Hevía Bolaños y su Curia Filipica.

Pero los libros que nos ocupan, no solamente son reflejo del estudio científico de la filosofía y la teología o las artes liberales. Una gran porción de ellos fueron el alimento de la devoción y la espiritualidad, ayuda eficaz en la predicación, guía en la catequesis y la liturgia. En el campo de la hagiografía encontramos obras como la Historia del venerable Padre fr. Juan de la Cruz, de Gerónimo de San Ioseph, la vida de Mariana de Jesús de la Tercera orden de San Francisco escrita por su confesor Luis de Mesa.

En la ascética obras como La cura y la enfermedad, contra los siete vicios capitales de Guillermo Peralto. Para la guía de los comienzos del ministerio sacerdotal la curiosa obra El cura instruido. Obra en la que se muestra a cuelquier cura nuevo la obligación que le incumbre, del jesuita Paolo Segneri. Para la homilética aparecen varias obras con comentarios y guías a los evangelios del año como por ejemplo el Proptuarium concionum de praecipuis Christi et sanctorum festis per totum annum del dominico Diego de Yanguas.

 Todo este patrimonio histórico –el librario y el archivístico– necesita una adecuada conservación que permita protegerlo del paso del tiempo. La Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia lo recordaba no hace mucho: “Se han de encontrar espacios aptos para colocar los materiales. Los locales han de responder a las normas fundamentales de higiene, (iluminación, climatización, grado de humedad y de temperatura, etc.) de seguridad (con dotación de medios contra incendios y antirrobo, etc.) de vigilancia. En la estructuración de los archivos hay que disponer de locales para el depósito de documentos y salas de consulta, sirviéndose de los muchos instrumentos técnicos e informáticos que existen para la investigación y la lectura” [4]

La preservación de este patrimonio histórico se presenta pues como un deber y compromiso hacia las futuras generaciones de manera que puedan registrar el camino seguido a lo largo del tiempo por la Iglesia en cada una de las realidades que la componen. Estos “materiales de la memoria eclesial” serán los que posibiliten una atenta valoración de lo que se ha realizado, de los resultados obtenidos, de las omisiones o de los errores.

 


NOTAS

(*) El Fondo histórico está actualmente en proceso de restauración por lo cual no está disponible su consulta a la comunidad científica

[1]. Para la historia, orígenes y etapas anteriores del Seminario consúltese E. Salvia, El Seminario desde su fundación hasta la época de Rosas, en: Antonio Marino y Mario Aurelio Poli, eds., Apacienten el rebaño de Dios. Libro del Centenario del Seminario en Villa Devoto 1899-1999, Buenos Aires 1999, 21-33. [arriba]

[2]. Para los libros de los siglos XVI y XVII se conservan dieciocho ejemplares con leyenda manuscrita que declara su pertenencia a la "Librería de la Recolección de Buenos Ayres"; ocho con la leyenda de pertenencia a la "Librería del Convento de Predicadores"; tres a la "Librería del Convento de la Merced". Cf. Catálogo de los libros de los siglos XVI y XVII, Facultad de Teología, Pontificia Universidad Católica Argentina, Buenos Aires 1993, p. 2.  [arriba]

[3]. Cf. F. Avellá Cháfer, El Seminario desde su reapertura en 1857 hasta el Concilio Plenario Latinoamericano (1899), en: Apacienten el rebaño de Dios, 35-42.  [arriba]

[4] Pontificia comision para los bienes culturales de la iglesia, Carta circular a los obispos sobre la función pastoral de los archivos eclesiásticos, 2 de febrero de 1997, Introducción. [arriba]


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