Peregrinación a Luján

«Luego dijo al discípulo: ¡Aquí tienes a tu madre” (Jn 19,27)

Peregrinación a Luján
Peregrinación a Luján

Desde los orígenes de nuestra historia como nación, desde antes de ser“Argentina”, la Virgen quiso quedarse en nuestra tierra. Corría el año 1630 cuando la humilde carreta detuvo su marcha misteriosamente. Una de las cargas que llevaba impedía a los bueyes avanzar. Allí se quedó, junto al río Lujan, el cajón que contenía a la imagen de María, Inmaculada Concepción. Nuestra Madre quiso estar con nosotros. Ir al encuentro de aquel pueblo naciente.

Cada año acudimos a ella. Necesitamos de su presencia maternal que nos brinda fuerza y esperanza. Necesitamos de su mirada de amor, espejo del Amor de Dios, que nos ayuda a ver lo importante en medio de tantas cosas que nos inquietan. Queremos que su testimonio de servicio y fidelidad nos enseñe a poner siempre primero al otro.

Peregrinamos desde distintos lugares. Nos encontramos en un mismo camino, convocados hacia la misma meta. Venimos desde lejos para acercarnos, nos mueve un mismo fin, un Ideal.

Vamos hacia la Virgen. A visitar a nuestra Madre. No es una extraña, ni una imagen lejana, es quien nos acompaña en nuestra cotidianidad. Quien nos ama profundamente y nos consuela en el dolor. A quien ofrecemos todos nuestros días con la misma oración que una vez le dijo el ángel Gabriel. Ella es la Madre de los pobres, porque pobre fue su vida. Es Virgen del silencio, Madre de la Palabra. La mujer que descubrió en lo pequeño, la “grandeza del Señor”.

Peregrinamos porque es un modo particular de encontrarnos con Dios. Los peregrinos marchan orando con sus pasos y con sus cuerpos, con sus voces y con sus cantos, con sus cansancios y sus pies dolidos. Peregrinar es rezar con todos los sentidos, con todo el cuerpo. Es una oración sencilla y profunda, confiada y convencida de que en las manos de Dios la vida cobra sentido.

Peregrinar supone ir, no quedarse. Camina el que busca, el quiere encontrar algo mejor, el que desea, el que sueña y hace el esfuerzo de llegar a ello. El peregrino tiene un destino claro por el cual ofrece cada paso. Es el encuentro al final del camino. Es lo que lo impulsa a seguir y le marca el ritmo. Ese encuentro no debe ser solo una llegada física. Ha de ser mucho más. Un crecimiento personal, un acercamiento a la realidad, a la Verdad, y al Amor. Por eso, el corazón debe estar dispuesto, para que la peregrinación sea un caminar hacia adelante y hacia adentro. Y así dejarnos encontrar y sorprender por Dios. No perdernos del milagro que puede ser nuestra vida.

Te invitamos a participar éste año de la peregrinación juvenil a Lujan caminando junto a alumnos, ex alumnos, profesores y administrativos de nuestra Universidad.
La peregrinación comienza el sábado 1º de Octubre al mediodía, llegando a la Basílica el domingo por la mañana.

Inscripciones en Pastoral UCA (Edificio San Alberto Magno 1º piso – contrafrente) pastoraluca@uca.edu.ar.