La historia
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En 1915, Benedicto XV creó la Pontificia Facultad de Teología con la potestad de otorgar los grados académicos en nombre de la Santa Sede. En el Libro de Colación de Grados, constan los primeros doctores en la Argentina moderna a partir de 1918. Aquí, en 1930 el joven Octavio N. Derisi obtuvo el doctorado en Teología. Recién en 1980, el ministerio de Cultura y Educación regularizó la situación de los egresados anteriores a la inserción pleno iure de la Facultad en la UCA y reconoció el título de Doctor en Teología expedido a partir de 1946, dándole reconocimiento oficial y validez nacional. La Facultad solicitó la acreditación de la carrera por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU). Deseaba cumplir los requisitos formales y tener los beneficios de una evaluación externa. Teniendo en cuenta que el Doctorado en Teología existió desde la fundación de la Universidad de Córdoba en el siglo XVII y desapareció con la estatización de las universidades a mediados del siglo XIX, quería situar a la ciencia teológica y a su máximo grado en el sistema universitario argentino. La primera acreditación fue concedida en la Resolución 203/01. En 2006, luego de autoevaluaciones y cambios, se solicitó otra acreditación, tomando una decisión audaz dentro de la UCA y del subsistema privado: pedir la categorización. La Resolución 435/07 de la CONEAU le otorgó la categoría “A”. |
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Los fundamentos.
Para inscribirse en el Doctorado en Teología de la Facultad de Teología de la UCA no basta con tener una licenciatura de grado, como en otras carreras. Se necesita la licenciatura de posgrado en Teología Especializada, ciclo de dos años que termina con una disertación escrita de unas cien páginas, defendida y aprobada ante un tribunal. Equivale a una maestría civil con rasgos de especialización. Esta licenciatura supone el grado de Bachiller en Teología, carrera filosófica-teológica de seis años. La admisión al Doctorado exige tener los dos títulos, que suman al menos ocho años de cursada. Para la CONEAU, este requisito garantiza la altura académica necesaria para profundizar en un superior nivel de investigación científica la especialización obtenida en la carrera precedente. Inscribirse en este Doctorado, original de una Facultad eclesiástica, supone un promedio de unos diez años de estudios y el título de un primer posgrado. La normas están en los Estatutos de la Facultad, arts. 92-94, y en su Reglamentación. Ellas fijan las condiciones de recepción, admisión, dirección y seguimiento del doctorando, así como los criterios de elaboración y evaluación de la tesis. La CONEAU destaca que los progresos logrados sobre la base de sus recomendaciones y las autoevaluaciones de la Facultad le dan un marco normativo adecuado para un buen funcionamiento.
Para la CONEAU, el perfil del Director y su trayectoria se corresponden con su cargo, y los integrantes del Comité tienen antecedentes relevantes en docencia e investigación, habiendo dirigido tesis de maestría y doctorado. Los miembros del Comité son profesores estables con el título máximo e implican trayectorias destacadas, producción de investigaciones y muchas publicaciones. Cinco de ellos son Directores de Departamentos. Según la CONEAU, la cantidad y calidad de sus publicaciones es relevante y de impacto internacional en lo que se refiere al desarrollo de la Teología en el territorio de Latinoamérica.
Aliento y compromiso
En todos y cada uno de los aspectos evaluados, aquí muy resumidos, la CONEAU expresa que este Doctorado en Teología “satisface y supera los estándares y criterios de acreditación”. Por eso acreditó la carrera por seis años, con un plazo mayor al de una acreditación normal, y le concedió, en dicha acreditación, la categorización “A”, categoría aplicable a las carreras de excelencia. Según la página www.coneau.edu.ar y algunos especialistas en la materia, en agosto último había 324 doctorados acreditados desde el año 1999. De todos ellos, 240 están calificados y 93 tienen la categorización A, perteneciendo la mayoría de estos últimos a universidades estatales como las de Buenos Aires y Córdoba.Llama la atención de los observadores, en este sentido, como lo destacó la revista Noticias en su artículo “Los mejores posgrados” (n. 1598, 11/8/2007, 68-72), que el nuestro, en Teología, parece ser el único doctorado con la categoría “A” de las universidades privadas argentinas.
El reconocimiento nos anima y compromete a buscar un nivel académico aún más elevado para nuestros doctores. Pensamos, con Santo Tomás, que ubi humilitas, ibi sapientia (ST II-II, 162, 3 ad 1): sólo donde hay humildad puede haber sabiduría. Un doctorado, que se suele alcanzar -en promedio- no menos de quince años después de recibir la primera clase de Teología, es sólo el inicio de una nueva etapa en el camino de la humildad de la sabiduría y de la sabiduría de la humildad. Porque ‘el principio de la sabiduría es el deseo de aprender como niños’ (Sb 6,17), y porque, como nos enseñó Jesús, su Padre se complace en revelar la sabiduría del Reino de Dios sólo a ‘los pequeños’ (cf. Mt 11,25).”
