UCA

Sobre la nueva iglesia mayor de la UCA y la adoración

Buenos Aires, 18 de marzo de 2015

Queridos miembros de nuestra Comunidad universitaria:

Quiero decir que éste es uno de los momentos más importantes de la historia de la UCA. En el Campus de Puerto Madero ya aparece la iglesia mayor de la Universidad, algo que nos debíamos. Es iglesia, no capilla. El Arzobispado aprobó la designación de “iglesia”, que desde un punto de vista canónico y litúrgico tiene una importancia mucho mayor. Se convierte así en el lugar central del culto de la Universidad, en su centro espiritual de constante actividad. Por eso está destacada también arquitectónicamente.

Esta iglesia aparece bien integrada en el conjunto de la construcción, y destacada, marcando claramente la fisonomía del Campus, para mostrar que aquí la vida espiritual no puede entenderse como un parche, como una actividad secundaria o tolerable. En nuestra concepción de la vida y la sabiduría el “espíritu” es indispensable, esencial, fundamental, y debe penetrarlo todo.

El horario de apertura de la iglesia será de lunes a viernes, de 8 a 14 y de 16 a 20.30. Allí habrá cinco Misas diarias, a las 8.30, 11, 13, 17.30 y 19.30. Media hora antes y media hora después de cada Misa habrá confesiones en la iglesia.

Al fondo hay dos imágenes de santos, en pequeños cuadros. Una es Edith Stein, filósofa, pensadora judía, quien se encontró con Jesucristo, se hizo monja de clausura y murió en un campo de concentración. Ella puede inspirar a nuestros docentes e investigadores en la búsqueda de la verdad. Del otro lado está San José de Cupertino, patrono de los estudiantes que rinden exámenes. Esto se debe a que él tenía una gran dificultad para rendir exámenes y comprende lo que se sufre.

Pero la iglesia está dedicada al Corazón de Jesús. Al frente se destaca el Corazón diseñado por Carlos de Foucauld, expresión de la misericordia incondicional de Dios que nos acoge a todos.

Para los católicos no es una devoción opcional, ya que expresa el misterio de la Encarnación, por el cual el amor divino se expresa en un amor humano. Hay que recordar la importancia que tuvo en Francia la Basílica del Sacre Coeur, para reubicar los excesos rigoristas de jansenismo y volver a colocar el amor misericordioso en el centro, como lo está haciendo el Papa Francisco. Fueron a consagrarse al amor de Dios en ese santuario el beato Carlos de Foucauld, Teresa de Lisieux, Juan XXIII, Juan Pablo II y otros santos.

Este corazón, presente en el sagrario, es el centro de la UCA. Nos llama, como el Papa Francisco, a unir al conocimiento la vida, al saber la experiencia de Dios, al estudio la oración. Es lo que en realidad encontramos en los más grandes sabios, que también han sido santos. Recuerdo siempre aquella experiencia de Cristo que tuvo Santo Tomás de Aquino. Jesús elogió la obra que él había escrito y le dijo que le pidiera lo que más quería. Tomás respondió: “Viéndote, reconozco que mi obra no es más que paja. Y te quiero sólo a ti”. El mismo proceso vivió San Buenaventura, que recomendaba a sus discípulos: “No le preguntes a la luz sino al fuego”. Yo espero que todos los docentes de esta casa vivan ese mismo proceso y puedan aprovechar este lugar de oración en un silencio enamorado.

Cada día habrá alrededor de seis horas de adoración en turnos de media hora. Agradezco de corazón a todos los que ya se han comprometido a cubrir algún turno semanal de adoración. Nos hará bien a todos, tanto a los que disfruten de ese momento de silencio y de calma frente al Señor, como a toda la comunidad universitaria, por dos razones:

1) Primero, porque creemos en el poder de la oración. Que todos los días durante seis horas haya gente rezando por los demás es algo que le hará bien a la comunidad universitaria.

2) Pero también porque estamos convencidos de que hace mucho bien estar un rato en silencio. Aun para quien no tiene fe, estar un rato en silencio permite enfrentar la propia verdad, dejar de esconderse de sí mismo, ordenar algunas cosas, serenar el interior. Y si creemos que allí frente a uno está Dios, está Jesucristo vivo, estamos seguros de que estar ante su fuego invisible a los ojos nos purifica, nos ilumina, nos calienta, nos sana. ¡Cuánto bien le hará a la Universidad que muchos de sus miembros tengan ese espacio semanal de reposo ante Dios!

El Papa Francisco me ha dicho que toda la vida de la Universidad debe estar orientada hacia este lugar, mucho más importante que el Rectorado, que el Consejo Superior o que los Decanatos. Demos gracias a Dios por este “santuario universitario” que Dios nos regala. Es como un monte santo dentro del Campus, que será fuente permanente de gracia para la vida universitaria.

Mons. Dr. Víctor Manuel Fernández
Arzobispo Rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina