UCA

Bendición de la imagen de María y consagración de la UCA a ella

Buenos Aires, 10 de Noviembre de 2010

Buenos días a todos. Muchas gracias por acercarse a este momento de oración comunitaria. Jesús prometió estar particularmente presente cuando dos o más se reúnan en su nombre, y eso es lo que estamos haciendo. Creyendo en la fuerza peculiar de la oración en común venimos a poner nuestras vidas en la presencia de Dios y a consagrar nuestra Universidad a María.

En el capítulo 12 del Apocalipsis, que acabamos de leer, aparece la Mujer revestida de sol y coronada de estrellas como madre del Mesías (12, 5) y como madre “del resto de sus hijos” (12, 17). En este texto, así como en el capítulo 19 de San Juan, la Iglesia ha recogido su convicción acerca de la maternidad espiritual de María sobre todos los discípulos de Jesús.

A ella, como Madre, hemos venido a pedirle que nos ayude a sostener y a profundizar el sentido de nuestras vidas.

Muchas veces sobrevivimos resolviendo problemas, tapando agujeros, y mientras tanto, intentando aprovechar algunos momentos de relax y de placer. Pero la vida es más que esta combinación más o menos lograda. Más allá de todo eso está el sentido que le damos a nuestra existencia, a nuestros esfuerzos, a nuestros logros y a nuestras dificultades. A veces en la oscuridad interior vuelve a surgir como una pequeña luz la gloriosa pregunta: “¿para qué todo?”. Vivir con sentido implica básicamente tres cosas: Por una parte, una experiencia interior, una convicción, la seguridad de estar salvado, la contemplación de un misterio que me sostiene. Por otra parte, una forma de mirar, un modo de ver el mundo, las cosas, las personas, los acontecimientos. Finalmente, una manera de hacer las cosas, una forma de actuar, de trabajar, de enfrentar lo que me pasa, un estilo de vida.

Ese sentido de nuestra vida a veces se presenta más luminoso, consolador, vivificante, pero otras veces se opaca, se oscurece, se olvida, y entonces simplemente nos limitamos a sobrevivir, a subsistir. Nuestra mente se atonta, nuestras convicciones se vuelven grises, la confusión se adueña de todo.
Por eso necesitamos signos visibles que cada día, frecuentemente, nos recuerden que estamos llamados a otra cosa. La imagen de María que estamos colocando y bendiciendo ahora frente a la Universidad quiere ser uno de esos signos. Para que al llegar aquí cada día ella no sólo nos recuerde para qué vivimos, sino que también nos suscite la súplica, de manera que recibamos la luz y la fuerza interior que necesitamos para llevar adelante nuestra vida y nuestro trabajo con un profundo sentido.

Esta es una imagen de la advocación llamada “Medalla Milagrosa”. Es una imagen con los brazos abiertos y las manos en posición de entrega, de don, emitiendo rayos de luz para quien se acerque. En la aparición que dio origen a esta advocación, la Virgen dice: “Estos rayos luminosos son las gracias y bendiciones que yo expando sobre todos aquellos que me invocan como Madre… Soy tan feliz pudiendo auxiliar a los hijos que me imploran protección”. Como ven, se trata de un mensaje profundamente positivo. María se presenta llena del cariño de Dios, reflejando el amor sencillo y cercano del Señor. Invocándola siempre obtenemos alguna respuesta, aunque no sea exactamente lo que pidamos o esperemos. Ella siempre responde iluminando, suscitando, sugiriendo cosas, acercando alguna ayuda. Por eso es bueno que esta imagen presida nuestra Universidad y podamos mirarla cada día. Ella está aquí para darnos de nuevo a Jesús, porque toda su hermosura es reflejo de Jesús y obra de su gracia.

Por eso les propongo que consagremos a ella toda la vida universitaria, que le confiemos a todos los que aquí trabajan y estudian, y también que dejemos en sus manos nuestros seres queridos, nuestras preocupaciones y nuestra vida entera. Amén”.

Pbro. Dr. Víctor Manuel Fernández
Rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina