UCA

Celebración de Inicio de Clases 2011

Buenos Aires, 14 de abril de 2011

“La razón de que estemos todos reunidos aquí esta mañana es sobre todo una: orar por cada uno de ustedes. Pedirle a Jesús que los bendiga mucho para que este año esté lleno de vida, de luz, de fecundidad. Para que puedan aprovechar al máximo todas las oportunidades que Dios les está poniendo en el camino, en este caso como estudiantes.

Esta es la primera razón, porque yo creo de verdad que cuando nos reunimos en nombre de Jesús, él está aunque no lo veamos, y escucha nuestras plegarias. Y como creo firmemente en esto, me parece tan importante que estemos juntos aquí con Jesús en medio de nosotros.

Pero aprovecho la ocasión también para compartir con ustedes algunas cosas que me parecen importantes. Lo primero es invitarlos a que vivan durante todo este año la alegría de la verdad, lo que llamaba San Agustín en latín gaudium de veritate, que es el gozo de pensar, la fiesta de la reflexión. Es en definitiva la alegría de poder abrirse a la verdad. Y cada uno dentro de la ciencia, de la disciplina, de la carrera que haya elegido.

Para mí, eso es realmente clave en la vida de la Universidad y en el sentido de la vida de todos ustedes en esta casa a lo largo de este año. Estuve viendo en el diario de ayer que aparecían unos tests para medir el coeficiente intelectual y salía cuál había sido el coeficiente de Galileo, de Voltaire y de otros. Pero después aparece también mencionada una consideración científica que indica que muchos, muchos de estos, con gran coeficiente intelectual no se han destacado para nada en la vida. Por diversas razones no han podido aprovecharlo. Y en cambio hay otros con menor coeficiente intelectual que se han caracterizado por el entusiasmo, por las ganas, por la pasión en su vocación. Apasionados por esta ciencia que estudiaron, le han puesto el alma, y eso después se nota en la profesión.

Un médico, con una gran capacidad, pero que no se apasionó por la verdad y por la búsqueda, será un médico mediocre y los pacientes mismos se dan cuenta. En cambio aquellos que se destacan son los que verdaderamente pusieron todo en esa búsqueda de la verdad. Eso es lo que yo deseo para todos ustedes, porque sabemos que eso es gozo, que eso es vida.

Lamentablemente, sin darnos cuenta, nosotros reducimos la intensidad vital a cosas que tienen que ver con el consumo, con lo biológico. Y resulta que sin darnos cuenta nos cortamos pedazos importantes de nosotros mismos, nos mutilamos, nos achicamos. Nos volvemos muy pequeños y nuestra capacidad de vivir y gozar se ve tan diminuida.

Todos ustedes tienen, porque Dios se las ha regalado, capacidades altísimas que cuando uno las cultiva le hacen probar esos placeres, esos gozos supremos que le permiten sentir a uno que vale la pena estar vivo, que la existencia tiene sentido, tiene futuro. Entonces le pido a Dios que todos ustedes a lo largo de este año puedan experimentar la fiesta de la verdad, más allá de que lo que ustedes reciban en las clases les resulte o no satisfactorio. Lo que interesa en el fondo es que esté en ustedes esta decisión de permanente búsqueda, y entonces a esta verdad que desean la van a encontrar donde sea y como sea.

Saben ustedes que los años que ustedes van cursando la carrera son años preciosos de juventud. Son cuatro, cinco o más años de una etapa preciosa de la vida. Uno puede gastar un montón de mañanas en el adormecimiento, la pasividad. Cuántas horas. Calculen todas las mañanas a lo largo de cuatro o cinco años. Horas de juventud, mañanas de juventud. Cuántas, que pueden estar lamentablemente desperdiciadas. En cambio, el que viene ya de entrada con esa apertura, ese espíritu de búsqueda, ese deseo, siempre encuentra en los docentes algún estímulo para pensar y para seguir buscando. Eso es lo que yo deseo para todos ustedes.

Todo lo que se hace en esta casa, en definitiva, debería estar al servicio de esa experiencia de ustedes de encuentro con la verdad, cualquiera sea en cualquiera de las disciplinas. Todo debería estar al servicio de eso. Aun la economía.

En esta línea les quiero comentar dos o tres cosas porque más de uno me ha escrito correos electrónicos, sobre todo después que anunciamos el aumento de los aranceles. Algunos correos electrónicos muy respetuosos, otros con palabritas subidas de tono. Pero yo me tomo el trabajo por las noches de leerlos, aunque no los conteste a todos. Y hay algunas cosas que conviene que ustedes las sepan y por eso se las digo ahora.

En primer lugar, nuestra Universidad es una Fundación sin fines de lucro. Eso quiere decir que todo el dinero que se recauda se reinvierte en educación, de una forma o de otra. No somos un colegio o una universidad privada donde los dueños buscan obtener un rédito económico importante. Aquí todo se vuelve a gastar en sueldos de los docentes, de investigadores, en bibliografía, en mejoras edilicias, pero todo vuelve a ustedes, directa o indirectamente.

Y aunque ustedes no lo vean, si la Universidad financia un investigador, un docente que investigue, eso tarde o temprano termina beneficiándolos. Ustedes lo han advertido: si un docente habla sobre un tema que estudió hace veinte años y repite todos los años lo mismo, ustedes se dan cuenta. Quizás lo entiendan, pero no transmite demasiado. Cuando un docente les habla de algo que sigue leyendo, que sigue investigando, que lo está preocupando, ustedes lo perciben en las clases. Por lo tanto, también a ustedes les conviene que la Universidad invierta en apoyo a la investigación, por ejemplo. Pero tengan en claro esto. Nuestra Universidad no procura acumular dinero, sino que lo que entra vuelve.

El año pasado, de hecho, hemos tenido un déficit de varios millones de pesos. De manera que hemos tenido que solventar por otros medios aquello que los aranceles no nos permitieron cubrir. Saben que el año pasado hubo un aumento de aranceles de un 12% y de un 6% y los aumentos de los salarios de los docentes y empleados fueron superiores (20%). Este año evidentemente no podíamos repetir esa situación, pero la Universidad prevé un superávit muy leve, muy pequeño.

Ustedes podrán mencionar que aquí detrás se esta construyendo una ampliación de este edificio. Y entonces podrán decir: “en vez de aumentar la cuota, construyan menos”. Ustedes saben que cuando la UCA recibió todos estos terrenos aquí había detrás un edificio que se había incendiado, y cuando se nos concedió el espacio asumimos el compromiso de completar este edificio. Demoramos varios años en cumplir ese compromiso y finalmente fuimos emplazados por la Corporación Puerto Madero, por lo cual no nos quedaba más salida que completarlo, con un costo altísimo. O sea, no es algo que nosotros podíamos haber evitado y es parte de un compromiso contraído.

En esta misma línea, un alumno me escribió el año pasado cuando pusimos la imagen de la Virgen allí adelante, “por qué no gastan plata en cosas más importantes”. Bueno, yo entiendo la sensibilidad de ese alumno, que posiblemente no sea creyente. Sin embargo, para nuestra Universidad los valores de la fe son valores altísimos y valores que promueven a las personas. Y, en ese sentido, para la mayoría de las personas creyentes que vienen a esta casa, la imagen de la Virgen con los brazos abiertos recibiéndonos y ofreciéndonos en esos brazos su ayuda para el día que vamos a empezar, es un signo sencillo pero importante, valioso, que a muchas personas les cambia la vida y les permite vivir más humanamente.

La semana pasada enterramos a un hermano mío que falleció. El segundo hijo que pierde mi madre, que tiene 85 años. Y en el velatorio decía: “me quedan dos, nada más”. Pero también repetía a cada rato: “menos mal que tengo fe, menos mal que me sostiene la fe”. ¿Es o no es un valor? En esos momentos es cuando uno lo percibe con más claridad: hay algo más allí y vale la pena vivirlo.

La fe no nos quita nada que sea humano sino que potencia todo lo que sea noble, todo lo que sea justo, todo lo que sea bello. Y así por ejemplo alguien que trabaja en cuestiones sociales, o alguien que estudia disciplinas que apuntan a la transformación de realidades sociales ve un pobre, un marginado, un enfermo, y trabaja por él. A su lado trabaja otro que reconoce que ese ser humano es obra del Padre Dios que lo ama infinitamente, que Jesús se hizo hombre por él, que asumió su humanidad y la elevó, que Jesús dio su sangre y se entregó hasta la muerte por él. Si yo creo eso, entre otras cosas, ¿le quita algo eso a mi compromiso, a mis ganas de elevar su dignidad? No le quita nada, le agrega una luz, una motivación, un estímulo. Se lo agrega. Por eso en esta casa somos herederos del humanismo creyente de la Madre Teresa de Calcuta, de Juan Pablo II, de San Francisco de Asís y de tantos otros que con la luz de la fe han podido transformar muchas cosas.

Eso es lo que ustedes reciben en esta casa. Y más allá de lo que reciban, es lo que están llamados a cultivar. Es la relación profunda entre una ciencia sólida y bien estudiada con los métodos propios de esa disciplina, y la luz de la fe que nos da una visión profundamente humanista. Y que nos ayuda a ver más todavía.

Por último, quiero decirles que le pido al Señor en este momento que en esta etapa de sus vidas les conceda mucha fortaleza interior. En esta edad que ustedes tienen, interiormente se vive muchas inseguridades. A veces no están seguros de la carrera, no están seguros de qué van a hacer después, tienen temores, tienen inquietudes internas. Lo peor que le puede pasar a un ser humano no son las tragedias ni los desafíos que se le presentan, sino encontrarse frágil, débil frente a los desafíos. Y esa fragilidad más de una vez nos hace sentir un nudo en la garganta, que es la sensación de no saber a dónde va a ir a parar nuestra vida. Por eso le quiero pedir a Jesús en este momento que derrame en todos ustedes su fuerza divina. Que penetre en ustedes con ese poder, que los haga sólidos, seguros. Yo los desafío a que todos los días se imaginen a Jesús resucitado y lleno de vida y le pidan “derrama en todo mi ser esa fuerza, esa vida tuya”. Y eso todos los días. Van a ver que así, unidos a él, recibiendo esa vida de él, van a sentirse mucho más sólidos, seguros, y van a dar mucho fruto. Van a ser fecundos de una forma o de otra.

Recuerdo siempre unos ejemplos de una antiquísima sabiduría. Por ejemplo, aquel de unos árboles que estaban bajo la nieve. Había algunos árboles con ramas flexibles. Cuando caía la nieve, esas ramas se dejaban caer, la nieve caía al piso y volvían a subir. Y después, con la humedad de la nieve, esos árboles se revitalizaban y daban frutos. Otros árboles con ramas rígidas, a la defensiva, recibían la nieve y se quebraban. Cuando uno tiene dentro la fortaleza de Cristo, al mismo tiempo es flexible, no está a la defensiva ante todo, en una actitud permanentemente negativa, sino que a partir de esa flexibilidad, en lugar de quebrarse, de destruirse por dentro, aprende de todo lo que le va pasando. O como el agua, siempre dinámica, cuando encuentra un obstáculo no se resiste sino que lo acarica, lo rodea y sigue su camino siempre con el mismo dinamismo. Esta vida es la que Jesús nos ofrece a todos. Y por eso les propongo que hagamos un pequeño instante de oración para hacerle espacio en nosotros.”

Pbro. Dr. Víctor Manuel Fernández
Rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina