UCA

Inauguración de las Actividades Académicas de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación

Buenos Aires, 29 de marzo de 2011 

Las Ciencias Sociales en la UCA

En el siglo primero había un grupo de personas que admiraba a Jesucristo, pero entendían que la experiencia espiritual pasaba por un camino personal de sabiduría, por un itinerario individual de profundización intelectual. A ellos se dirige una carta que está en el Nuevo Testamento donde se les dice lo siguiente:

Quien dice que está en la luz pero no ama a su hermano, está todavía en las tinieblas. En cambio, el que ama a su hermano está en la luz y no tropieza” (1 Jn 2, 9-10).

Viene bien escuchar estas palabras en un ambiente académico como el nuestro, porque se dirigen a “quien dice que está en la luz”, es decir, esa persona que siente que sabe más que otros, que tiene una sabiduría que los demás no tienen. A ese se le dice que el que no ama al hermano “está todavía en las tinieblas”.

En el fondo, lo que este texto quería destacar es que toda experiencia de verdadera sabiduría exige una apertura a los demás, un compromiso social.

La presencia de esta Facultad en nuestra Universidad la coloca como un faro que nos recuerde a todos la dimensión ineludiblemente social de la vida humana y de la experiencia cristiana. Nos recuerda que no podemos pensarnos como individuos sino como comunidad y como sociedad.

En una Universidad Católica, que procura una integración de los diversos saberes desde la cosmovisión cristiana, no puede faltar una Unidad académica que, de manera interdisciplinaria y desde diversas perspectivas, se dedique específicamente a la dimensión social de la persona y a estudiar y pensar lo social. Con la presencia de esta nueva Unidad académica entendemos que la misma estructura del conjunto de la Universidad permite reflejar mejor los grandes ámbitos del saber que integran una visión cristiana de la realidad.

En las primeras páginas de las Sagradas Escrituras, que compartimos judíos y cristianos, vemos que inmediatamente después de crear al primer ser humano se descubre que no había nada en el universo que pudiera ser su ayuda adecuada. Era indispensable otro ser humano. El Señor nos quiso desde el comienzo de a dos, frente a frente, codo a codo. Y tanto para judíos como para cristianos resuena la dramática pregunta que el Altísimo le dirige a Caín: “¿Y dónde está tu hermano?”.

No olvidemos que la aceptación del diferente como un “tú” tiene hondas raíces en el pensamiento judeocristiano (1). Es verdad que todas las religiones, de un modo o de otro, invitan y motivan a la solidaridad, a prestar atención a las necesidades del otro, a la vida en común. De esta manera, ayudan a evitar la disolución de la sociedad en una mera suma de intereses individuales en pugna. Pero también es cierto que muchos valores que todavía subsisten de algún modo en nuestra sociedad, no sólo en la mayoría cristiana sino también en los no creyentes, proceden básicamente de la predicación cristiana.

Por eso, nosotros creemos que la fe que ilumina la vida de esta Universidad nos agrega un plus para pensar lo social. Sin necesidad de disminuir en modo alguno la legítima autonomía de la sociedad civil ante la religión, y sabiendo que no es ni posible, ni deseable, retornar a un régimen de cristiandad medieval, es conveniente para la sociedad valorar y aprovechar el potencial humanizador y socializador de la fe, que en definitiva enriquece y beneficia a la democracia, porque "una democracia sin valores se convierte en un totalitarismo encubierto". (2)

En esta línea, señalaba J. Habermas que las religiones aportan a su modo argumentos y aportes reflexivos a favor de los valores fundamentales de la vida en sociedad (3); por lo cual, el Estado "debería adoptar un comportamiento que preservara esas fuentes culturales que alimentan la conciencia de las normas y la solidaridad de los ciudadanos". (4)

En esta línea, una Facultad dedicada a lo social, en el seno de una Universidad católica e iluminada por el Evangelio, tiene mucho que aportar.

Hoy nuestra comprensión del Evangelio nos ayuda a reconocer que nadie se realiza solo, y nos permite advertir que todos los que hicieron sentir su paso por este mundo no han sido solitarios iluminados. Siempre han sido personas que se han unido a otros para luchar juntos, que han creado redes junto con los otros para producir cambios en la sociedad. Desde Jesús junto con sus apóstoles, San Francisco de Asís y su comunidad, Martin Luther King y su comunidad, la madre Teresa y sus monjas, nuestro ideal es entregarnos juntos y resolver juntos los problemas de la sociedad.

¿Pero qué sucede? Que estamos en un momento de la historia donde el problema no es tener las cosas claras. El problema es el estilo de vida que llevamos. La posmodernidad que estamos viviendo es un tiempo donde ciertos poderes económicos han logrado convertirnos en meros consumidores, personas siempre insatisfechas, necesitadas de bienestar. Por eso hay gente con mucha espiritualidad, mucha oración, buena formación, pero incapaz de comprometerse por los otros. Tenemos las ideas claras, pero después usamos nuestro tiempo obsesionados por nuestro ego y nuestro bienestar individual.

Por eso mismo, aunque estemos en una Facultad donde lo comunitario y social es objeto y marco de estudio, puede darse la contradicción de que en su seno la integración con objetivos comunes no sea precisamente fácil.

En este sentido, quiero insistir en que lo más importante no es una mera integración física de distintas carreras. En las Universidades las distintas disciplinas suelen trabajar de manera aislada por la cerrazón y la cortedad de miras de las diversas disciplinas, que terminó produciendo una mera yuxtaposición de departamentos donde cada uno se reduce a defender sus intereses limitados. Pero la palabra “universidad” se refiere a la totalidad del saber donde unas disciplinas se alimentan de las otras. Por eso, los exhorto para que esta Facultad sea un ámbito de promoción mutua y de integración. Esto supone resistir cualquier tentación endogámica o dialéctica y por ello también requiere una adecuada ascesis. La integración real supone renuncias, porque quienes conforman esta Facultad tienen su propia historia. Pero eso ya pasó, y el hecho es irreversible, por lo cual ya no queda otro camino más que mirar para adelante, entusiasmarnos con las posibilidades que se nos abren y construir algo juntos.

En el nombre de la nueva Facultad aparece en primer lugar la expresión “Ciencias Sociales”. Algunas personas, de esta y otras facultades, lo han objetado, diciendo, por ejemplo, que el saber de las Ciencias Políticas es más amplio y abarcativo y debería preceder. En primer lugar quiero advertir que “sociales” aquí no se refiere sin más a la Sociología, sino que quiere resaltar una formalidad que explica la presencia en esta Facultad de todas las disciplinas que la integran. Así, la historia viene a integrar esta Facultad porque queremos entenderla como un análisis histórico de las dinámicas sociales. Aquí no entendemos la historia como una mera crónica ni como una historia de individuos significativos, sino como un análisis y una interpretación de las dinámicas sociales, de las grandes tendencias nacionales y mundiales, de los tejidos sociales en movimiento histórico. Del mismo modo, si la Educación está incorporada en esta facultad, es porque no la entendemos como meras técnicas de instrucción de individuos aislados, sino como una forma de la vida social en constante maduración, como la promoción del pueblo en una creciente transformación cultural, como una dinámica de inclusión de las personas en la vida social y en definitiva como el mejor instrumento para una sana política que mira el largo plazo.

Por otra parte, tanto la Sociología como las Ciencias de la Comunicación, integrando esta Facultad, no pueden entenderse como meros saberes técnicos, sin densidad reflexiva, sino como disciplinas que aportan desde su propio estatuto epistemológico, a la comprensión y al desarrollo del entramado social.

Los horizontes que se abren a todos los que integran esta nueva Facultad son apasionantes, si es que esta nueva Facultad es asumida como un verdadero espacio comunitario. Espero que así sea, y pido a Dios que los ayude en este camino.

Pbro. Dr. Víctor Manuel Fernández
Rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina

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1. Cf. los estudios del filósofo judío H. COHEN, El prójimo, Barcelona 2004; La religión de la razón desde las fuentes del judaísmo, Barcelona 2004.
2. JUAN PABLO II, Veritatis Splendor 101
3. J. HABERMAS, "Creer y saber", en El futuro de la naturaleza humana. ¿Hacia una eugenesia liberal?, Barcelona 2002, 133ss.
4. J. HABERMAS, "Pluralisme et moral", en J. HABERMAS - J. RATZINGER, Les fondements prépolitiques de l'État démocratique, número de Esprit (juillet 2004) 16.