UCA

Presentación de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación

Buenos Aires, 27 de Septiembre de 2010

Queridos amigos, estamos asistiendo a un nacimiento, porque nuestra vida universitaria se enriquece con una nueva Facultad, y en esta casa son las Facultades los grandes ejes de toda la vida académica.

Juan Pablo II decía insistentemente que “la persona humana tiene una innata y estructural dimensión social” (ChL 40). Por eso nos parece que, en una Universidad Católica, que procura una integración de los diversos saberes desde la cosmovisión cristiana, no puede faltar una Unidad académica que, de manera interdisciplinaria y desde diversas perspectivas, se dedique específicamente a la dimensión social de la persona y a estudiar y pensar lo social. Por eso mismo también la Santa Sede tiene una Pontifica Academia de Ciencias Sociales, creada por Juan Pablo II. Con la presencia de esta nueva Unidad académica entendemos que la misma estructura del conjunto de la Universidad permite reflejar mejor los grandes ámbitos del saber que integran una visión cristiana de la realidad.

Por esta razón en los últimos años el Rectorado de la Universidad planteó, repetidas veces, esta necesidad. El año pasado, la Comisión Episcopal para la UCA volvió a presentar esta iniciativa. Finalmente, el Plenario del Consejo Superior de la Universidad, en su sesión del 05 de marzo de este año creó la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación que hoy estamos presentando. También designó al Dr. Enrique Aguilar como delegado con funciones de Decano para su organización, de manera que la nueva Facultad abra sus puertas el 01 de febrero del año próximo.

Sabemos que el bien común no es sólo la suma de los bienes particulares. El bien común implica un plus, donde hay bienes que nos superan como individuos y otros que resultan de la conjunción de muchas decisiones y actividades de distintas personas. No puede producirse sólo con la acumulación de muchos actos de personas aisladas unas de otras sino en cuanto se relacionan y se influyen entre sí. El bien es difusivo, y con mayor razón lo es el bien de las personas. Por eso también es necesario acoger una acción del Espíritu que trasciende las preocupaciones y las opciones de cada uno en su pequeño mundo, ya que además de ese ámbito pequeño existe una realidad que resulta de la conexión de las múltiples opciones de las distintas personas, instituciones y grupos. Allí entramos en un ámbito donde un individuo aislado tiene muy poco poder de decisión y de influencia y donde se requiere una cooperación comunitaria, un entramado interpersonal adecuado, y en definitiva un tejido social sano. Todo esto indica que hay una realidad social que debe ser objeto de estudio académico y que puede ayudar a la Universidad a incidir mejor en la vida social. De ahí que la creación de una Facultad que ayude a explicitar y pensar mejor el dinamismo social de la persona tiene un alto valor significativo.

Lo más importante no será una mera integración física de distintas carreras. De hecho algunos Rectores me han confesado que eso es lo que ha sucedido de hecho en sus Universidades cuando surgieron Facultades nuevas, debido a la cerrazón y la cortedad de miras de las diversas disciplinas, que terminó produciendo una mera yuxtaposición de departamentos donde cada uno se reduce a defender sus intereses limitados. Una Universidad Católica, con una marcada vocación por la integración, no puede permitirse esa opción. Por eso, el Instituto para la Integración del Saber ha estado acompañando en estos meses la tarea de organización brindando a los directivos un espacio de reflexión y de diálogo que nos permita apuntar más alto. Exhorto a quienes integrarán la nueva Facultad a entregarse en este camino. Integrar una Facultad no debe vivirse como un agobio, un lastre o un límite. Es posible lograr juntos que una Facultad sea un ámbito de promoción e integración. Pero ello supone resistir cualquier tentación endogámica o dialéctica y por ello también requiere una adecuada ascesis.

Conformarán esta nueva Facultad las Ciencias Políticas, que poseen un saber más arquitectónico y un acervo filosófico que ayuda a las Ciencias más empíricas a integrarse en el marco de un proyecto amplio. La Sociología, por su parte, brindaría un mayor arraigo en lo concreto y elementos para un análisis objetivo de la realidad social. Las Ciencias de la Educación, al servicio de la construcción del bien común y del desarrollo de un tejido social con valores, encontrarán en las demás disciplinas tanto el marco de un proyecto social y político como diversos recursos que necesitan para percibir las megatendencias sociales y para la comunicación del saber al sujeto de hoy. Las Ciencias de la Comunicación, que se han vuelto aun más necesarias en el marco de la globalización, aportarán la perspectiva del encuentro entre las personas y su gran potencialidad para crear cultura social. Finalmente, pero no por eso menos importante, se integra la perspectiva de las Ciencias Históricas, por dos razones: porque más que una historia de individuos, nos ocupamos de la historia de los grandes movimientos sociales, de los grupos humanos, de las naciones, de los pueblos. Pero también porque entendemos que es imposible analizar adecuadamente un hecho social sin la adecuada perspectiva histórica. A su vez, se integran aquí las asignaturas filosóficas y teológicas del Ciclo humanista cristiano, que deberán procurar un constante diálogo con los saberes de estas ciencias y ofrecerles la perspectiva más completa de la cosmovisión cristiana. Aquí podrán integrarse también, de diversas maneras, los proyectos interdisciplinarios de investigación relacionados con estas ciencias. Queda claro que todo esto supone la comprensión humanista que tiene la Iglesia de las Ciencias Sociales, y no una perspectiva meramente positivista o exclusivamente técnica. No queremos ofrecer más de lo mismo.

En el mes de marzo viajé a Roma y visité la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. Allí tuve el gusto de consultar al Canciller, Mons. Marcelo Sánchez Sorondo, quien me alentó y me aportó su sabiduría. Al mismo tiempo, me ofreció la posibilidad de tener un marco reflexivo que acompañe la presentación pública de esta nueva Facultad. También el Doctor Corona pensaba en esta posibilidad y acompañó la iniciativa. Mons. Sánchez Sorondo, generosamente, se ofreció para invitar a la Dra. Margaret Archer que nos honra con su presencia. Si antes me referí a una impostación de las Ciencias Sociales que supere una perspectiva meramente positivista o exclusivamente técnica, sin duda esta socióloga es un verdadero modelo.

Esta tarde tendremos el gusto de escuchar dos exposiciones magistrales. La primera, de Mons. Marcelo Sánchez Sorondo: “Vivir con dos ciudadanías”. Nos permitirá reconocer cómo el sentido de pertenencia de un ciudadano adquiere, cuando es creyente, una riqueza inusitada, porque la pertenencia por la fe a un ámbito sobrenatural, no excluye ni debilita su compromiso terreno y su integración social. Luego, la Dra. Archer, abordará una noción que es central en la reflexión católica: la de la “persona humana”. Pero mostrará de qué manera esta noción humanista tiene su desarrollo específico en el ámbito de las Ciencias Sociales.

En nombre del Decano y de los Directivos de la nueva Facultad, les agradezco a todos que nos acompañen en este momento tan importante para nuestra Universidad.

Pbro. Dr. Víctor Manuel Fernández
Rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina