UCA

48º Colación de Grados Académicos

Buenos Aires, 2 de Septiembre de 2010

Queridos graduados:

Este acto es como el florecimiento de nuestra vida universitaria, porque todo lo que se hace en este lugar es para que cada uno de ustedes pueda salir de aquí e insertarse en el corazón de la sociedad con una formación integral. La investigación, la docencia, las discusiones del Consejo Superior y todas las estructuras de la UCA tienen sentido si cada uno de ustedes puede llegar a este momento. Por eso este acto es ante todo una celebración y una acción de gracias.

Ahora todos esperamos que ustedes puedan desempeñar una profesión con esmero, competencia, profesionalismo y calidad humana. Si en el mundo la competencia lleva a que no todos se alegren cuando ustedes tengan éxito, aquí realmente deseamos que les vaya bien. Cuando nos enteramos que algún graduado adquiere prestigio en la sociedad nos alegramos de corazón, porque para eso nos hemos esforzado.

La Biblia muestra que apenas Dios crea a los seres humanos les pide: “crezcan, desarróllense”. Y la célebre encíclica Populorum Progressio sostiene que “en los designios de Dios, cada ser humano está llamado a promover su propio progreso, porque la vida de todo ser humano es una vocación” (PP 15). Por eso, el deseo de ustedes de progresar en su profesión no es un egoísmo tolerable. Es una respuesta al amor de Dios que quiere promover a cada uno.

Hace poco tiempo el Papa ha insistido que en esta visión del propio desarrollo como una vocación, hace falta “que su centro sea la caridad ” (CiV 19). Me desarrollo para los otros y al mismo tiempo, por amor, estoy llamado a promover el desarrollo pleno de los otros. Desarrollar tus capacidades para ayudar a una sola persona a vivir con más dignidad ya justifica la entrega de tu propia vida.

La profesión que vas a ejercer es una misión que Dios te da para los demás.

Algunos dirán que es más fácil vivir eso en enfermería que en administración de empresas. Sin embargo no es así: cada uno aporta lo suyo y lo importante es dar lo mejor que sí donde sea. La creatividad de ustedes será capaz de encontrar miles de gestos, de actitudes, de decisiones y de acciones que derramen un bien en el mundo. Cualquier profesión puede ser ejercida de distintas maneras, y hay maneras de vivirla y ejercerla que lo cambian todo.

También es verdad que en este desarrollo para el bien común ustedes van a pasar por etapas. Quizás deban pagar el derecho de piso, quizás deban sobrellevar un período marcado por la humildad, el aprendizaje, la austeridad, la docilidad creativa. Me recuerda aquellas plantas que están en una parte del jardín donde hay menos luz, que dan flores más pequeñas y parecen estar un poco más sufridas. Sin embargo, en esa parte del jardín también hace falta belleza, y aunque pequeñas, esas flores también tienen sentido. Los primeros tiempos podrán ser más duros y austeros, pero también son tiempos de fecundidad donde pueden nacer muchas cosas bellas.

A ustedes se les ha propuesto desarrollar una profesión con valores. Estamos en una época que nos lleva a encerrarnos mucho en la búsqueda de comodidades e intereses mezquinos, que nos aísla y a veces nos asfixia. Ustedes atrévanse a sostener el sueño de la fraternidad, del reconocimiento del otro, del servicio generoso y gratuito.

Pero para que no caigan en el vacío y el sinsentido, quiero proponerles que no se olviden que el corazón de ustedes tiene una dimensión trascendente, que también fueron creados para cosas que no se ven, y en definitiva, para el encuentro de amor con Dios. Lo expresa tan bien aquel Salmo: “Como el ciervo busca las corrientes de agua fresca, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Tengo sed de Dios, del Dios vivo” (Sal 42, 2-3). Con ese amor inmenso uno puede atravesar todas las tormentas y salir adelante pase lo que pase, puede encontrar paz y fuerza interior en medio de cualquier circunstancia. Acudan siempre a esa fuente que brota en lo profundo de ustedes mismos, y todo va a terminar bien.

Ustedes se van y esta Universidad también sigue su curso. Sin duda, ustedes han recibido mucho entre estas paredes, y lo van a reconocer mejor a medida que pase el tiempo. Pero también es verdad que han encontrado deficiencias y límites. La Universidad también está llamada a abandonar toda estructura que sea caduca, todo lo que ya no sea cauce de vida, de crecimiento, de fecundidad (cf. DA 365). De hecho, un el gran documento que rige a las Universidades católicas dice que “las Universidades católicas están llamadas a una continua renovación” (ECE 7). Por eso, ahora estamos en plena autoevaluación, revisando las carreras, los planes de estudios, y toda la organización de la Universidad. También estamos reuniéndonos con graduados de las distintas carreras para escuchar sus opiniones. Trataremos de mantenernos en contacto con ustedes para conozcan los pasos que vayamos dando y puedan seguir sintiéndose parte de esta casa.

Agradezco de corazón la presencia del Señor Cardenal, Gran Canciller de la Universidad, y de los demás obispos presentes.

Pido sinceramente a Dios que conceda a todos ustedes lo que más necesiten, que los alivie en sus preocupaciones, que los ilumine y los proteja siempre.

Pbro. Dr. Víctor Manuel Fernández
Rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina