UCA

Presentación del Barómetro de la Deuda Social

Buenos Aires, 18 de Junio de 2010

Para que este acto tenga la relevancia que merece, hay que recordar que el protagonista es un Barómetro de la Deuda Social.

Deuda social que es de todos, de ustedes y mía, que vivimos en la Región más desigual, más inequitativa del planeta. Por eso Juan Pablo II decía que en América Latina la conversión a Dios implica al mismo tiempo revisar el orden social (EA 27).

Si esto afecta a la misma conversión religiosa, también toca el corazón de la democracia:

La democracia es la única que puede garantizar la igualdad y los derechos de todos. Se da una especie de dependencia recíproca entre democracia y justicia, que impulsa a todos a comprometerse de modo responsable para que se salvaguarde el derecho de cada uno, especialmente de los débiles o marginados. La justicia es el banco de prueba de una auténtica democracia […] De lo contrario, el llamamiento a la democracia corre el riesgo de ser una mera formalidad de procedimiento, que perpetúa las diferencias y acentúa los problemas.” (Benedicto XVI, Discurso a Trabajadores Italianos, 27/01/2006).

Una democracia no meramente formal sino real no se mide sólo por la calidad del funcionamiento de sus instituciones, por la división de poderes o la transparencia de los procedimientos. Esto es importante, pero puede estar al servicio de intereses limitados. Democracia real es posibilidades para todos, implica que efectivamente todos tengan acceso a los medios necesarios para su desarrollo, sin caer en el engaño de confiar ciegamente en las fuerzas del mercado que siempre son desiguales.

La excusa para sostener una democracia meramente formal suele ser que los pobres no tienen cultura del trabajo. De ese modo, se culpa a la mayoría de ellos, que están en lucha constante por mejorar la situación de sus familias, de los defectos de una minoría.

Sin embargo, hoy queda bien hablar de los pobres. En las últimas décadas se ha vuelto políticamente correcto tanto desde el gobierno como desde la oposición de cualquier color, aunque más no sea con el objetivo de resolver el problema de la inseguridad.

Pero otra cosa es una sentida y profunda identificación real con los pobres, respetando su cultura, su estilo, su modo propio de ser.

La posmodernidad ha acentuado una tendencia individualista que lleva a las personas a concentrarse en la búsqueda enfermiza del propio bienestar. Evidentemente, en ese estilo de vida no puede haber un espacio real para los pobres.

Por eso es tan importante el Barómetro, al menos como un primer paso. Los datos del Barómetro nos ayudan a recordar que existe algo más que nuestro pequeño mundo. Es decir, no existen sólo miembros de la clase media preocupados por ganar 20.000 pesos en vez de 15.000, 12.000 en vez de 9.000, 8.000 en vez de 5.000. Existe también esa multitud que desearía ganar 800 en vez de 500.

Agradezco de corazón a todos los que trabajan en el Barómetro, y que este Barómetro exista en el seno de la UCA. Nos ayuda a abrir los ojos para reconocer al otro. El siguiente paso sería lograr que esos números, esos datos, se identifiquen con rostros, historias de carne y hueso, y que cada uno junto con los otros se atreva a asumir alguna forma concreta de compromiso real con los que están peor. No puedo dejar de recordar una vez más aquel texto precioso del Evangelio donde Jesús dice: “Cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos…” (Lc 14, 13).

Pbro. Dr. Víctor Manuel Fernández
Rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina