El perfil docente

A través de sus dos ciclos, filosófico y teológico, la herramienta más adecuada para contribuir al fin de la formación integral desde una cosmovisión humanístico – cristiana, parece ser la de introducir y guiar al alumno en el camino sapiencial que conduce a la verdad: verdad acerca de Dios, del hombre y del mundo. Recorrer ese camino implica el habituarse al ejercicio de la razón y a la vida y comprensión de la fe, a fin de que lo verdadero, alcanzado también como bien y belleza, vaya gestando en el alumno una visión cristiana de la realidad. Se entiende por “camino sapiencial” al camino que une ciencia y experiencia, razón y vida para el encuentro con el misterio de lo real, que induce a experimentar un cierto gusto por la verdad.

Ese camino sapiencial requiere de sabios que logren inspirar en el alumno el deseo de profundizar el misterio de lo real. No se precisan meros repetidores o adoctrinadores (que por defecto no llegan al corazón del alumno); tampoco de investigadores o científicos (que por exceso pueden confundir sobre lo esencial). Se necesitan verdaderos maestros, oyentes y dialogantes con sus alumnos, capaces de integrar la fe con la razón, la teoría con la experiencia, el pensamiento con la afectividad.

Por un lado, deberán tener no sólo competencia específica en sus disciplinas, sino ante todo, coherencia entre lo enseñado y lo vivido, lo que se dice y lo que se hace; por otra parte, deberán ser auténticos pedagogos, que tengan a su alcance adecuadas herramientas metodológicas y didácticas. Se debe identificar en ellos la capacidad de integración entre los distintos saberes, responsabilidad y seriedad docente, adecuado trato con los alumnos (apertura, escucha y diálogo), docilidad para articular tareas en común con colegas y autoridades.

Por último, este camino exige no sólo la progresiva integración de los saberes entre sí (campo propio del “Instituto para la Integración del Saber”) y con la vida misma (campo propio del “Instituto de Pastoral”), sino también el que sea “visto y vivido como viniendo de y dirigiéndose a la vida de la fe, expresada en la celebración y en la caridad operante.