De la Frontera a la Villa de Luján. El gran capellán de la Virgen Jorge María Salvaire, CM

PRÓLOGO

De lla Frontera a la Villa de Luján
De lla Frontera a la Villa de Luján

Para los que hemos podido acompañar el progresivo develarse de la figura del sacerdote vicentino Jorge María Salvaire a lo largo de estos últimos años en las publicaciones de Mons. Juan Guillermo Durán, estoy seguro que ninguno dudaría en coincidir que su figura ha ido agigantándose en cada uno de los tomos de este tríptico. En efecto estamos ante el final de una trilogía comenzada con El Padre Jorge María Salvaire y la Familia Lazos de Villa Nueva. Un episodio de cautivos en Leubucó y Salinas Grandes. En los orígenes de la Basílica de Luján, 1866-1875 (1999); y continuada por En los Toldos de Catriel y Railef. La obra misionera del P. Jorge María Salvaire en Azul y Bragado, 1874-1876 (2002).

Con la obra que ahora tenemos el honor de presentar, nos adentramos en la última etapa –tal vez la más intensa– de la vida de Salvaire. El presente tomo nos muestra al misionero desde el regreso de la frontera con los indios, en marzo de 1876, hasta el nombramiento como párroco de Luján, en mayo de 1889. Queda como promesa de Mons. Durán entregarnos la segunda parte de este tercer tomo, que llevará el título De la Frontera a Luján. Los comienzos de la Gran Basílica(1890–1899).

El hilo conductor de toda esta obra es evidentemente la vida del P. Jorge María Salvaire, pero más profundamente lo es el misterio mariano en Luján. Por eso, más que hablar de una trilogía, podríamos hablar del desarrollo de un misterio salvífico. Como el desgranarse las cuentas de un rosario, van sucediendo ante nuestros ojos los “misterios” de la vida de Salvaire, estrechamente entrelazados con el desarrollo del Luján mariano.


Desde el primer “voto” en las tolderías de Namuncurá hasta el emprendimiento gigantesco de la construcción de la Basílica de Luján, la vida de este noble sacerdote vicentino francés, se fue tejiendo para siempre en el corazón de la pampa rioplatense. Recordemos que el “voto” mariano de Salvaire pronunciado en las tolderías del cacique Manuel Namuncurá, consistió en una triple promesa: escribir la historia de la Virgen de Luján, difundir su culto y edificarle un nuevo templo. Pues bien, en la etapa de la vida que este tomo abarca, los tres votos se van cumpliendo uno a uno.

Se ha repetido en muchas ocasiones que la tarea del historiador se asemeja analógicamente a la del médico, que a través de síntomas debe interpretar las causas de un determinado estado de salud; debe, asimismo, narrar en lenguaje asequible al paciente el diagnóstico y recetar el remedio. No por nada la palabra griega historia proviene del lenguaje de la medicina [1].

El libro que el lector tiene ahora ante sus ojos, proviene de la ardua tarea casi “médica” que Mons. Durán viene realizando hace ya varios años, en pos de la “verdad” de la magna figura del sacerdote que nos ocupa. La analogía de la medicina es particularmente pertinente a este tercer tomo, ya que el autor ha debido enfrentar uno de los aspectos más dolorosos de la vida de Salvaire. Se trata, según su propia confesión, “de 16 años de injusticias y contradicciones” producidas fundamentalmente por el entorno humano más cercano a su vida, sus hermanos en religión.

Son sin duda, aspectos de la existencia de Salvaire que Mons. Durán ha debido reconstruir con fatiga y dificultad, ya que fue costumbre habitual del biografiado mantener estos “misterios dolorosos” en el silencio y la soledad. No obstante, en base a documentación, prácticamente toda inédita, recolectada pacientemente de diversos archivos y repositorios de este lado del océano y del otro, los “misterios” de la vida de Salvaire van viendo la luz.

Este tomo nos presenta también una faceta de la personalidad de Salvaire que en esta etapa de su vida irrumpe con fuerza: Salvaire el “historiador de la Virgen.” En 1885 salían de la imprenta de Pablo Coni, dos gruesos volúmenes con el título Historia de Ntra. Sra. De Luján. Su origen, su santuario y su culto [2]. El capítulo 5 de la presente obra nos introduce en los avatares de la investigación, por archivos y bibliotecas que debió realizar el autor para escribir la historia prometida a la Virgen; la metodología, el modelo historiográfico usado, los presupuestos teológicos y finalmente la recepción de la obra por sus contemporáneos.

Muchos otros aspectos de la presente investigación podríamos resaltar. Permítaseme sin embargo poner este libro en el contexto del significado que el Santuario de Luján tiene para nuestra historia. Recientemente los obispos latinoamericanos, reunidos en el Santuario de Aparecida, hacían la siguiente reflexión sobre la importancia de los santuarios y lugares de peregrinación: La mirada del peregrino se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio. También se conmueve, derramando toda la carga de su dolor y de sus sueños. La súplica sincera, que fluye confiadamente, es la mejor expresión de un corazón que ha renunciado a la autosuficiencia, reconociendo que solo nada puede. Un breve instante condensa una viva experiencia espiritual Salvaire forma parte inseparable de las “paredes” que hablan en Luján. No solamente las paredes de piedras sillares y ladrillos del Santuario, sino del entretejido de vidas que este sacerdote vicentino supo acoger y acompañar a lo largo de su vida.A más de cien años de la muerte de Salvaire, nos parece que los pueblos que peregrinan en este vasto territorio del cono Sur todavía tienen una deuda de gratitud que saldar con este insigne misionero. Salvaire supo intuir con fuerza el trascendental lugar religioso que tenía el culto mariano lujanense. Dedicó sus mejores fuerzas y sacrificios, el sacrificio de toda su vida, para que Luján fuera el lugar donde nuestros pueblos pudieran entretejer sus vidas e historias con aquella que supo con su “sí” abrir las puertas al Verbo de Dios, Jesucristo. Con el “sí” de Salvaire a Dios, plasmado en su voto mariano, sostenido en el tiempo –no sin poco sacrificio– Luján como santuario mariano, creció hasta convertirse en el lugar privilegiado donde nuestros pueblos se encuentran con su identidad más honda. Allí, el peregrino vive la experiencia de un misterio que lo supera, no sólo de la trascendencia de Dios, sino también de la Iglesia, que trasciende su familia y su barrio. En los santuarios muchos peregrinos toman decisiones que marcan sus vidas. Esas paredes contienen muchas historias de conversión, de perdón y de dones recibidos que millones podrían contar.[3]

Agradecemos de corazón a Mons. Durán por permitirnos acercarnos un poco más a los “misterios” de la vida de Salvaire en Luján y de María de Luján en Salvaire.

Fernando Gil
Facultad de Teología
Departamento de Historia de la Iglesia
Universidad Católica Argentina

[1] Cf. Carlo Ginzburg, Checking the Evidence: The Judge and the Historian, en: «Critical Inquiry» 18 (1991) 79-92. Cf. también el clásico estudio de Arnaldo Momigliano, History between Medicine and Rhetoric, en: Ottavo contributo alla storia degli studi classici e del mondo antico, trans. Riccardo Di Donato (Roma 1987) 14-25.

[2]Jorge María Salvaire, C.M., 1847-1899, Historia de Ntra. Sra. de Luján. Su origen, su santuario, su culto y sus milagros(Buenos Aires 1885).

[3] Celam, V Conferencia General del Eiscopado Latinoamericano y del Caribe (Aparecida, 13-31 de mayo de 2007), Nº 259-260.


PALABRAS DEL AUTOR

Con inocultable satisfacción presento al público lector interesado por los temas históricos un nuevo tomo (el tercero) de mis investigaciones sobre la vida y obra apostólica del P. Jorge María Salvaire (1847–1899), sacerdote perteneciente a la Congregación de la Misión (lazaristas, vicentinos o paules), promotor e iniciador de la construcción de la Basílica Nacional de Luján. A quien la Iglesia Argentina le debe, sin duda, no sólo el monumental relicario gótico donde se venera la Santa Patrona de la Patria, sino la moderna promoción de la piedad mariana en torno a esta secular y entrañable devoción que hasta nuestros días convoca incesantemente al pueblo argentino a reunirse en permanentes y multitudinarias peregrinaciones, que de hecho han convertido a Luján en la capital de la fe de la Argentina.
Hace ya nueve años, cuando publiqué el primer tomo, en ocasión del centenario de su muerte, comenté que se trataba de una obra de largo aliento, que emprendía guiado por el firme propósito de investigar exhaustivamente su itinerario apostólico desde el arribo a la Argentina, desde la Francia natal, en 1870, hasta su repentino deceso en Luján, en 1899, cuando sólo contaba con 52 años. Dejando así inconclusa una colosal obra arquitectónica, por entonces la de mayor dimensiones en el país y en Sudamérica, que pensaba poder concluir en 1910, con motivo de la celebración del Primer Centenario de la Revolución de Mayo.

Los dos primeros tomos fueron dedicados a reseñar la primera estadía del P. Salvaire en Luján (1872–1873) y la obra misionera con los indígenas en Azul y Bragado, poblaciones bonaerenses en cuyas inmediaciones se encontraban acantonadas las tribus mansas de los caciques Cipriano Catriel y José María Railef, respectivamente (1874–1976). Incluyendo el memorable viaje a las tolderías del cacique Manuel Namuncurá (1875), lugar donde el P. Salvaire emitió el conocido “voto” o “promesa” a la Virgen de Luján, cuando quedó expuesto al inminente peligro que se le quitara la vida. Pasando a constituirse este “aciago” episodio en el origen de las tres grandes ofrendas mariano–lujanenses que solicitaron entrañablemente su corazón de allí en más: escribir la historia, divulgar el culto y construir un nuevo santuario.

Corresponde ocuparme en esta ocasión de reconstruir otro tramo del aludido itinerario: el regreso de la frontera, la segunda estadía en la Villa de Luján, el traslado al Uruguay y el nombramiento como cura y capellán del Santuario (1876–1889). Años marcados a fuego por cuatro hechos capitales: la redacción y publicación de la Historia de la Virgen de Luján (1885); el viaje a Roma en calidad de delegado del episcopado argentino para alcanzar del papa León XIII la coronación pontificia de la Sagrada Imagen de Luján (1886); las grandes fiestas de la coronación, que lo tuvieron como principal organizador (1887); y la aceptación formal de iniciar, a pedido del arzobispo de Buenos Aires, León Federico Aneiros, la construcción del Templo Votivo Nacional (la actual Basílica), en calidad de director y administrador de las obras (1889).
Queda pendiente la publicación de un cuarto tomo (ya prácticamente concluido), destinado a cubrir el último tramo de su existencia, por cierto el más emblemático, cuando al asumir por propia decisión el viejo título de “Capellán de la Virgen”, que unió indisolublemente al de párroco de Luján, se conviertió en el eficaz e infatigable constructor de la gran Basílica (1890-1899).

Juan Guillermo Durán

  • De la Frontera a la Villa de Luján El gran capellán de la Virgen Jorge María Salvaire, CM (1876-1889)
  • Serie ensayos y estudios, 12
  • Año: 2008
  • 788 pp.
  • ISBN 978-987-23930-8-3