Carlos Vega, Acerca del origen de las danzas folklóricas argentinas

Revista del Instituto de Investigación Musicológica "Carlos Vega", Nº 1, 1977, p. 9-10

En toda América se concibieron y reprodujeron, casi con las mismas palabras, pocas teorías espontáneas sobre el origen de estos bailes. Nunca hubo más general acuerdo. Los autores “eclécticos” coincidieron en una fórmula que –separando y numerando las afirmaciones parciales– podemos enunciar así:

1) Nuestras danzas fueron las danzas populares (folklóricas) españolas;
2) llegaron de España;
3) con los soldados y con los colonos;
4) directamente a cada lugar;
5) se mezclaron con los bailes indios y con los africanos;
6) son sus híbridos;
7) sintieron la influencia del medio geográfico;
8) sobrevivieron hasta hoy;
9) siempre fueron populares.

Los autores “sistemáticos” añadieron cuatro fórmulas recíprocamente excluyentes: 1) nuestras danzas son todas españolas; 2) todas africanas; 3) todas indias; 4) todas fueron creadas por el gaucho, el huaco, el cholo, el llanero, etc., es decir, por las clases rurales americanas. Lo cual significa que los autores agotaron todas las posibilidades imaginables sin estudio, sin reflexión, sin documentación.

Sin la pretensión de haber conquistado la definitiva verdad, creemos que pocas veces, como en este caso, se puede palpar mejor el resultado del esfuerzo: ninguna de esas afirmaciones resultó exacta.

Hace ya más de quince años, en nuestro libro Danzas y canciones argentinas, denunciamos las tesis espontáneas; en una serie de dieciséis artículos (1938-1939), y en nuestra publicada conferencia El origen de los bailes criollos distendimos la negación; hoy confirmamos nuestra proposición de entonces y añadimos precisiones:

1) Nuestras danzas no son las folklóricas españolas. Los bailes criollos son los antiguos bailes cortesanos europeos americanizados. La corriente de los salones y la del teatro son las principales vías de transporte y de penetración.

2) Nuestros bailes llegaron de España; pero también a través de España, y directamente de Francia.

3) Las danzas de los soldados y de los colonos, esto es, las folklóricas españolas, inseparables de su patrimonio espiritual en marcha, murieron en América con ellos o con sus hijos. No llegaron los bailes en bloques y al comienzo, sino en todos los tiempos, como hasta hoy. He escrito antes que “América folklórica no es España folklórica sino España culta, Europa culta. América folklórica es una retardada selección de la Europa superior”.

4) Las danzas no llegaron con la masa directamente a cada lugar. Los bailes cortesanos europeos se instalaron en las ciudades virreinales y se crearon en ellos focos independientes de transformación y difusión. Tres ciudades asumieron en Sudamérica el control, la promoción y la difusión: Lima, primero, y durante siglos; Río de Janeiro y Buenos Aires después. Varias ciudades se convirtieron en subfocos de promoción e irradiación.

5) Los bailes europeos no se mezclaron con los indios y los africanos para elaborar los bailes criollos; descendieron de los salones superiores a todos los grupos que los sociólogos llaman “inferiores”, pero no consta que los híbridos así formados, ascendieran de nuevo de alguna aldea a los salones para alcanzar dispersión continental. No hay en nuestras danzas formas indias o africanas generalizadas (el Carnavalito vive en un islote); las influencias negra e indígena se sienten a veces en el estilo. Los negros, en particular –hemos escrito antes– “vitalizan el ambiente americano con imponderable inyección de temperamento, de aptitudes, de maneras de hacer”... No de formas. Me refiero al ambiente criollo por excelencia, al criollo europeo y no a los reductos africanos sobrevivientes o a los grupos africanoides sui generis de enquistado patrimonio, de persistencia sin influjo.

6) No se socializó en América ningún baile cuya forma sea o haya sido híbrida de español e indio o negro, hasta donde alcanza nuestra documentación.

7) El medio geográfico no influye en las danzas.

8) Concretamente, se ha pretendido que las danzas de la primera importación colonial se conservaron hasta hoy. Muchos siglos para bailes que navegan por la superficie en efervescencia. Una danza puede enorgullecerse del éxito si conquista plena boga en los salones durante treinta, cuarenta o cincuenta años. Las hay que han durado más, pero cuando su aceptación supera el término de un siglo, lo general es que sobreviva el nombre sólo como rótulo de una coreografía que se ha ido transformando. El nombre del río es el nombre del lecho; que el agua nunca es la misma. A esas duraciones hay que añadir el proporcional tiempo de la agonía folklórica. Casi todas las danzas argentinas que hoy conocemos aparecieron después de 1800 y entraron en decadencia poco después de 1850.

9) Nuestros bailes no fueron siempre populares. Se difundió la idea de una marcha paralela entre danzas de salón y danzas folklóricas. Nuestra labor puso en claro que las danzas de los salones urbanos y las de la campaña son generalmente las mismas. La Polca del emperador de Francia y el Huaino del emperador de los Incas coincidieron alguna vez en la cabaña rural.

En cuanto a las cuatro fórmulas –todas españolas, o africanas, o indias, o criollas– de los autores ortodoxos, baste con decir que representan exacerbadas tendencias. Además, lo antedicho implica la correspondiente réplica. Las danzas criollas, pues, no son todas españolas, todas indias, todas africanas, todas criollas. Y en cuanto a su creación por los propios campesinos, importa admitir, en principio, si no creaciones absolutas, la posibilidad de limitadas modificaciones locales por hibridación, por deturpación, por simple y llano cambio; pero estos detalles mueren donde nacen, sin fuerza de expansión. En circunstancias especiales, tomadas y adoptadas por las ciudades, pueden reanimarse y, ya en el ambiente de los altos círculos, difundirse. Ha ocurrido.

Tal es nuestra síntesis. Con nuevos documentos se podrá mañana admitir tal o cual excepción, pero con toda seguridad, nunca podrá afirmarse lo contrario.

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