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"El deporte, principalmente entre los jóvenes, cobra actualmente una importancia extraordinaria no sólo en lo que hace al desarrollo adecuado del cuerpo, como es evidente, sino también y por eso mismo en cuanto contribuye al equilibrio e higiene del espíritu.

Es un hecho empírico que los jóvenes que practican el deporte suelen ser normales, que viven con alegría y entusiasmo su juventud y que miran los acontecimientos de su vida y del mundo con optimismo. Se trata de jóvenes animosos, trabajadores, alegres y entusiastas. La misma preocupación por el deporte es un indicio de ello. Y su ejercicio desarrolla tales virtudes.

La correlación del estado físico con el psíquico es una demostración de la unidad sustancial del cuerpo y del alma y de la tesis de Santo Tomás de que el cuerpo es el principio de individualización de todo el hombre, es decir, de los caracteres que definen y constituyen a un individuo y lo distinguen de todo otro. Si el alma espiritual confiere al hombre sus notas específicas de tal, espíritu inteligente y libre y, por eso mismo, de persona humana, es el cuerpo el que constituye y define los caracteres de la personalidad individual que lo hace a cada uno como es él, sólo él, dentro de la especie.

De ahí que el deporte en la Universidad -para los profesores también, pero sobre todo para los estudiantes propio de su edad en crecimiento- sea no sólo un lícito entretenimiento para el descanso de los estudios, sino a la vez un poderoso elemento de educación física y psíquica, que coloca a los que practican en la mejor situación para realizar sus tareas específicas de estudio y contribuye a crear un clima de vigor, entusiasmo y alegría en todo el quehacer universitario."

Fragmento de “Naturaleza y vida de la Universidad” (Tercera edición, EDUCA, 1980) de Mons. Octavio N. Derisi, primer rector y fundador de la Universidad Católica Argentina.