Por Martín Parselis*
Llegará el momento del acuerdo intelectual acerca de la comprensión de la Web como un medio de comunicación más, o como una plataforma de servicios de comunicación. Mientras tanto el análisis de esta controversia suele generar más confusión que claridad, principalmente cuando la dimensión tecnológica es considerada como algo meramente instrumental.
Parte de esta confusión se basa en la consideración de que Internet es sinónimo de Web. Así es que se torna difícil separar claramente el rol de las llamadas “telcos” (compañías de telecomunicaciones), el rol de los usuarios, y el rol de todos los demás, entre ellos las empresas de comunicación.
Internet es el negocio de las telcos, incluyendo la gestión del tráfico, el ancho de banda, el cableado, los routers, los enlaces satelitales, etc. Todo este mundo que hace concreto el modelo matemático de las redes y que no parece muy cercano a la experiencia que cualquiera tiene de la Web. De hecho, es posible considerarlo como infraestructura poniendo de manifiesto su carácter de “necesario pero no suficiente”. Las infraestructuras en la mayoría de los países tienen graves problemas de financiación, muchas son deficitarias y por ello la responsabilidad de su implantación es tomada en ocasiones por los Estados.
Esta infraestructura es base para montar servicios, entre ellos los derivados del protocolo más famoso de la Web: el http, que permite transferir una representación de hipertexto de un servidor a un navegador. Esto es la Web, la posibilidad de que una configuración de redes tenga en sus nodos a cualquier persona, o a cualquier empresa, a través de la representación hipertextual. La Web es el negocio de los que producen y proveen servicios, incluidos los usuarios. Es esencial la conexión, porque es lo que constituye toda lógica de red.
La Web está siendo explotada por una serie de servicios que en conjunto se denominan como “Web Social” por el lugar preponderante que asumen los usuarios, y que hacen de estos servicios verdaderos espacios de interacción alrededor de los más diversos factores, incluidos también los comerciales. Este es uno de los puntos principales de las nuevas generaciones de servicios sobre la Web: el quiebre definitivo del monopolio de la verticalidad en la producción y el control del canal y del mensaje dando un espacio muy importante a la horizontalidad y a la equivalía entre todos los nodos de la red.
Entre los tipos de servicios más conocidos se encuentran las redes sociales, que han cobrado fama a partir de la observación de la alta exposición de los adolescentes y a partir de la aparición de tribus urbanas relacionadas. Menos famosas pero del mismo tipo, hay redes sociales para múltiples intereses, incluyendo los profesionales y comerciales. Otro tipo de servicio son los blogs, un agregado de contenido en forma cronológica en su forma más sencilla, y un potentísimo universo de conexiones e interacciones en su faceta más compleja. Hay miles de tipos de servicios en los que los usuarios son los que en conjunto ordenan, promueven, jerarquizan, discuten, y generan más información, más conocimiento, más interacción, más representaciones, más colaboración, más expresiones artísticas, etc.
Los modelos de comunicación tradicionales no podrían dar cuenta de qué sucede en la dinámica de estos servicios. Porque fueron construidos bajo la verticalidad, donde pocos hablan y muchos se cree que escuchan. Por lo tanto son modelos que no pueden existir sin un marco institucional: son centralizadores y requieren del control del canal.
Esta idea de “pocos expuestos” hoy convive con los “todos expuestos” que implica la Web. La exposición se produce en esquemas descentralizados, en una red que no permite ser controlada, sin jerarquías, donde el autor se desdibuja para transformarse en co-autor con el resto de la red. La institucionalidad tiene el mismo peso que el usuario: ambos están a un click. ¿Cómo entender bajo modelos tradicionales algo que es desde su constitución más profunda algo tan distinto? Al considerar la posibilidad de que la comunicación puede ser valiosa sin la garantía y la credibilidad de una institución, la respuesta es que no es posible. Es el surgimiento de los modelos conversacionales cuya base es la equivalía entre nodos. Esto implica también posibilidad de fraude, mentiras, e inexactitudes, pero fundamentalmente crea un espacio que es de todos los usuarios.
Queda muy lejos la problemática técnica de la infraestructura, que debería considerarse como un problema de índole política tendiente a asegurar la contención de las personas dentro de la red y que en conjunto puedan adueñarse de la Web. El problema entonces es, si los usuarios, personas, son los dueños de la Web la actitud del “mensaje que debe ser escuchado” y que inspira a muchas instituciones deberá transformarse en una actitud de mayor humildad, considerando un mayor grado de igualdad y humanidad en la comunicación. Es el momento en que las instituciones tienen la oportunidad de acercarse a las personas, en el terreno de las personas.
* Consultor y Profesor con Dedicación Especial.